La Torre de la Observación 2

Primera Parte

El juego de la creación

Crall y Gurall se divertían a costa de las creaciones de Fantastall.
Éste creó un planeta.
Crall y Gurall decidieron incendiarlo completamente. Provocaron un fuego infernal, con llamas que abrazaban cada centímetro cuadrado del suelo del planeta. Luego de hacerlo, se rieron…
Fantastall creó otro planeta.
Crall y Gurall decidieron inundarlo completamente. Provocaron una lluvia torrencial que inundó todo el suelo del planeta. Crall y Gurall rieron…
Fantastall creó entonces otro planeta.
Crall y Gurall decidieron llenarlo completamente de piedras. Montañas y montañas de piedras. Rieron…
Fantastall creó otro planeta. Y lo llenaron de plantas.
Creó otro planeta. Lo llenaron de insectos.
Creó otro planeta. Lo llenaron de peces.
Creó otro planeta. Lo llenaron de aves.
Fantastall creaba y creaba… Crall y Gurall reían y reían…
Ocurrió entonces que Fantastall dejó de crear planetas y Crall y Gurall creyeron que había caído en un estado de apatía a causa de sus diversiones.
Sin embargo, él estaba concibiendo la creación más grande hasta ese momento…
Era la creación de un sistema completo cuyos elementos se rigieran por sus propias leyes.
Utilizó todos los elementos creados de que disponía y sacó el agua de aquí, corrió el fuego de allá, modificó las piedras, retiró el…, colocó la…, quitó aquí…, agregó allá…, ensayó infinitas combinaciones.
Finalmente, les otorgó un suave impulso hacia adelante y la Gran Creación de Fantastall estaba allí funcionando:
¡El Universo Físico!
Crall y Gurall, al enterarse, salieron presurosos a divertirse como siempre lo hacían…
Encontraron tanta belleza y armonía que quedaron admirados con la obra.
Fantastall había logrado incorporar en su obra, perfectamente armonizadas, las creaciones propias y las destrucciones ajenas.
Pero sus espíritus burlones no estaban derrotados…
Pensaron, pensaron y pensaron… hasta que Crall exclamó:
–¡Ya lo tengo, ya lo tengo!–
¿Qué? –contestó Gurall, aún desilusionado.
–¡Pondremos hombres, hombres!
–¡Claro, hombres!
Así lo hicieron y continuaron riendo.
Fantastall se quedó pensando.
El Universo Físico creado tenía sus propias leyes, las cuales ni él siquiera podría modificar (era parte del juego).
Pero hombres, los hombres…
Fantastall dio a los hombres el conocimiento de las leyes del Universo.
Crall y Gurall crearon en el hombre el espíritu transgresor.
Fantastall dio a los hombres el amor para equilibrar y balancear la ley.
Crall y Gurall crearon en el hombre la imposibilidad de saber cuándo aplicar la ley y cuándo el amor.
Fantastall dio al hombre el conocimiento de la conducta correcta.
Crall y Gurall crearon en el hombre dificultades para seguir la conducta correcta.
Fantastall mostró un hombre en quien los hombres podían seguir la conducta correcta.
Crall y Gurall dieron a los hombres otros hombres que seguían "otras" conductas correctas.
Ocurrió entonces que Fantastall dejó de darles a los hombres conocimientos y Crall y Gurall creyeron que había entrado en un nuevo estado de apatía a causa de sus diversiones.
Sin embargo, Fantastall estaba concibiendo una creación más fantástica que la anterior.
Tomó otra vez todos los nuevos elementos y ensayó tantas y tantas combinaciones posibles hasta quedar satisfecho con el resultado obtenido.
Les dio un nuevo impulso hacia adelante y la Gran Creación de Fantastall ahí estaba funcionando:
¡Los Hombres Dioses!
Crall y Gurall se enteraron y salieron presurosos a divertirse como lo hacían siempre.
Se encontraron con tanta belleza y armonía que quedaron admirados, ya que Fantastall había logrado un brillo en los hombres y en el Universo que nunca antes se había visto.
Pero Crall y Gurall no querían perder el juego y entonces pensaron y reflexionaron… hasta que Crall exclamó:
–¡Ya lo tengo, ya lo tengo!
–¿Qué? –respondió Gurall.
–¡Invadiremos con seres de otros universos!
–¡Claro, de otros universos!
Así lo hicieron y continuaron riendo.
Fantastall se quedó observando.
El Universo creado tenía sus propias leyes y el hombre, su propio libre albedrío, que ni él podría modificar. Era parte del juego.
Aparecieron los de la Galaxia 4, rígidos como el metal en sus naves espaciales, sembrando destrucción y desasosiego en la armonía del planeta.
Los hombres se unieron organizando la defensa y los derrotaron quebrándolos como frágiles cristales.
Aparecieron los de la Galaxia 51, bellos como el Sol, con sus trajes de color púrpura fuego.
Y fueron derrotados con el hedor pestilente de los gases inmundos.
Aparecieron los de la Galaxia 128, rápidos y letales, fríos y flexibles.
Fueron vencidos en una lenta e interminable noche.
Crall y Gurall ya no reían…
Aparecieron los de la Galaxia 1524 y fueron vencidos.
Aparecieron los de la Galaxia 3028 y también fueron vencidos.
Por último llegaron los habitantes de los confines de los interminables años luz, en la periferia norte del sistema.
Y fueron vencidos en la noche polar creada por los hombres.
Crall y Gurall dejaron de reír.
Estaban perdiendo el juego.
Pero no se daban por vencidos. El juego los había atrapado de talmanera que ni siquiera habían percibido que Fantastall no participaba activamente.
Crall y Gurall dejaron de invadir el Universo y entraron en un estado de apatía por sus derrotas.
Crall y Gurall pensaban, analizaban, reflexionaban, y pensaban, y pensaban...
De pronto Crall exclamó:
–¡Ya lo tengo, ya lo tengo!
–¿Qué? –preguntó Gurall.
–Invadiremos desde otros sistemas.
–Claro, invadiremos desde otros sistemas.
Así lo hicieron y continuaron riendo.
Fantastall siguió observando.
Joshua se quedó reflexionando con Parafax sobre la ley, el amor, la conducta correcta y, finalmente, los hombres.
–Religiones enteras se construyeron con estos valores –dijo.
Luego Parafax le pidió que lo esperara un momento y salió a buscarun material a otra sala. Antes de salir le dijo que se sintiera como en supropia casa.
Joshua fue directamente hasta una pequeña biblioteca que se encontraba cerca de la puerta de entrada. Podría leer algo antes que llegara suguía. Hurgó entre los libros y tomó uno que le pareció adecuado.
El título del libro era Cuentos cortos para un amigo lejano.
Lo abrió al azar y empezó a leer:

Los titiriteros

Cuenta el historiador que había una vez unos seres llamados los titánicos, nombre que derivaba de su fortaleza.
Los titánicos inventaron un juego, que consistía en mover cuerpos robotizados a través de hilos muy delgados, con una cierta finalidad.
Cuando los hilos se enredaban, cosa que no era muy común, entraban en el juego los doctores que se ocupaban de las reparaciones y mantenimiento general de los cuerpos.
Algunas veces las demoras en las reparaciones y en el mantenimiento, y también en la precisión de los arreglos de los robots, no eranlos ideales y esto provocaba necesariamente fricciones entre los participantes del juego.
Un día, sigue contando el historiador, a un robot se le cortó uno de los hilos. Rápidamente llegaron un par de doctores y comprobaron que el robot giraba y giraba en una actitud grotesca.
–Está bailando –evaluaron los doctores irónicamente.
El robot escuchó el comentario y cuando tuvo cerca a uno de los doctores le sacudió un golpe mientras efectuaba el giro obligado por el desperfecto.
El doctor, una vez repuesto del golpe, saltó encima del robot por detrás, enredó todos sus hilos y lo dejó dando vueltas como una calesita.
Este hecho, sigue contando el historiador, desató una reacción en cadena de aversión mutua entre los robots y los doctores.
Provocó que los doctores dejaran de hacer el mantenimiento y las reparaciones de los robots, y así los titánicos perdieron el control del juego que se tornó tosco y aburrido.
Los titánicos se pusieron como locos al perder su diversión, a tal punto que primero uno y luego otro y así sucesivamente decidieron hacerse cargo del control total de cada robot, instalándose dentro del mecanismo.
Finalmente, la situación se remedió y el juego volvió a hacerse interesante.
Los titánicos, después de que pasó cierto tiempo, se fueron asumiendo en su nueva identidad de robots y hasta llegaron a tenerles aversión a los doctores.
Hoy en día, concluye el historiador, muy pocos son los titánicos que conocen esta historia.
Terminó de leer el cuento, cerró el libro y lo volvió a su lugar pensando sobre los titánicos y los robots…
Parafax entró en la sala con el material del próximo incidente.
–¿Estás listo para continuar?
–Sí, claro –respondió Joshua.
–Bueno, ahora vamos a ver incidentes muy importantes para ti, que tuvieron una gran influencia en tu formación básica y que se han extendido luego a otras vidas que has tenido.
–Glup…

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