La Hechicera y el Señor de los Universos

Capítulo 1: El Asalto

El gran rayo impactó de lleno en el planeta, desgarrando toda la existencia y el esplendor alcanzado con el transcurso de los años.
Los ríos y los mares quedaron fluyendo hacia ninguna parte.
La desolación se instaló en el paisaje junto con la confusión de los pocos sobrevivientes, que deambulaban buscando agua, alimento y abrigo.
El ataque artero llegó de una manera tan sorpresiva que no se pudo establecer de dónde había procedido.
El Señor de los Universos fue avisado apenas sucedió el impacto. Y de inmediato se presentó en el Comando Central.
Con la vista puesta en los monitores, preguntó: –¿Qué está pasando?
–Acabó destruido –le respondieron escuetamente.
–¡Por Dios, establezcamos la fuente del ataque de modo urgente!
–agregó enseguida El Señor de los Universos, presa de la consternación–. ¡Y destruyámosla!
–¿Quiénes hicieron esto? –indagó el oficial a cargo.
–No lo sabemos, la nave no se hizo visible y ahora estamos tratando de establecer el punto del espacio desde donde salió el disparo. Seguro que ya debe de haber cambiado de posición, por lo que será difícil ubicarlo. Y peor aún reconocerlo –concluyó el oficial que monitoreaba el espacio.
–¿Quién pudo ser? –insistió el hombre al mando.
Lo ocurrido creaba una suerte de enorme incertidumbre en la tranquila situación planetaria. Descubrir quién era el responsable del ataque se transformó en la incógnita a dilucidar en el Comando Central.
–¿Cómo podríamos saber quién está detrás de semejante barbarie? –volvió a cuestionar en voz alta, esta vez con los ojos desorbitados.
Se formó un silencio sepulcral.
–¿Quién podría saberlo? –replicó El Señor de los Universos.
De pronto el Jefe del Comando Central concluyó: –¡Una Hechicera!
–¿Cuál? –se inquietaron los demás, cuyas miradas apuntaban al Jefe.
No pronunció palabra. La Hechicera que pudiera ayudar a descubrir a los atacantes debería pertenecer al sistema.
Discutieron unos minutos cómo harían para contactarla, y al final decidieron enviar un pedido de ayuda por todas las redes existentes.
Sin pérdida de tiempo, el mensaje salió de la computadora principal hacia cada punto del universo.
Los presentes en el Comando Central veían el pedido de ayuda en el monitor, y en su intimidad algunos se preguntaban: "¿Sabrá la Hechicera lo que se necesita de ella?".
La desolación se instaló en el paisaje junto con la confusión de los pocos sobrevivientes, que deambulaban buscando agua, alimento y abrigo.
El Señor de los Universos pensaba que si ella no contestaba y se inclinaba por no desenmascarar al responsable, la vida en la totalidad de los universos estaría en peligro. En su ansiedad por resolverlo, envió un deseo al espacio: –¡Hechicera, no te demores!

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